Hace poco reparé en que los spots están de capa caída. La publicidad en televisión se está volviendo lineal, y creo que cuando los publicitarios estudiaron al padre de la publicidad, se tomaron al pie de la letra su teoría de que si una fórmula funciona, hay que seguir usándola hasta que deje de funcionar.
Lo que no deben recordar de las enseñanzas de Ogilvy es esa otra frase: "si no vende, no es creativo".
En serio, pensad durante un segundo en al menos 5 anuncios de este año que os hayan parecido buenos. Ahora intentadlo con anuncios del año pasado, del anterior, del otro...
Se ha caído en una monotonía en la que las marcas usan fórmulas tan parecidas que hemos llegado a un punto en el que se confunden unas con otras. ¡Qué gran error!
Pero mi blog no va de publicad, y yo en parte ya no me dedico a esto. Así que no voy a hablar directamente de creatividad publicitaria, voy a hablar de algo que se ha visto salpicado en parte por esa ausencia de creatividad. Voy a hablar de los estúpidos personajes publicitarios que han de vendernos sus productos.
Se ha ido formando poco a poco toda una tipología de personajes en los anuncios de tv.
Unos que detesto personalmente son a los que bauticé como "generación dippas". Sí, todo empezó con un anuncio de Doritos que sacaba el rollo de "dippear" con sus nuevos aperitivos. El anuncio estaba protagonizado por unos amigos que se reunían en casa de uno, y hacían el ganso en plan "qué guays somos, dippeamos". Desde entonces, Gallina Blanca, Knorr, President y varias marcas más, no han dejado de sacar como protagonistas a estos grupos de personas que se supone representan a la actual generación de jóvenes que empiezan a independizarse: que dios nos pille confesados.
Las navidades nos traen a otro grupo de personajes, los que protagonizan anuncios de colonias y perfumes. Son personajes que sólo hablan inglés o francés. Y es que si tú vendes un perfume, pobre de ti como lo hagas en español. Ya puede estar fabricado en Albacete, que si quieres que tenga glamour debes decir algo así como: "o de gochas", "diqueyenguay", "pugr hom". Y por supuesto, acompañar el nombre de la marca o creador de una ubicación: "Carolina Herrera, New York", "Chanel, Paguí".
Y representando a estas marcas, pronunciando alguna que otra palabra con la profundidad de un charco, y por supuesto en una de esas dos lenguas, se encuentran esos guapísimos modelos de cara enfadada que más bien parece que al echarse el perfume se cabrean con la humanidad y realizan actos extraños. No sé por qué viendo estos anuncios se prohíben los de drogas.
Por último, y para no desatar vuestra ira como se desata la mía cada vez que recuerdo los anuncios, destaquemos a las jóvenes mujeres con la menstruación que parecen haberse vuelto locas: Se discriminan las unas a las otras por no usar tampones, se pasan horas debatiendo si ese día usarán bragas o tanga (porque tienen un salva-slip que les sirve para ambas cosas y claro, la situación es chunga) o la noticia de última hora, se revuelcan por el campo eufóricas por ser mujer formando una compresa enorme.
En fin, crear personajes estúpidos parece la última moda en la publicidad. Desgraciadamente es un recurso que se contagia. Formemos personajes estúpidos que podamos usar en otros estúpidos anuncios.
Originalidad: cero. Crispación del target: diez. Por favor, que nadie me diga que venden porque eso significaría que hay gente en este mundo que se identifica con esos personajes.
Lo primero sobre publicidad que me enseñaron en la carrera fue la famosa frase "renovarse o morir". Allá va mi pregunta: señores publicitarios, ¿fui la única que asistió a clase ese día?
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domingo, 1 de junio de 2008
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