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domingo, 13 de julio de 2008

Una ceremonia hortera para gente hortera (2ª parte)

Armada de valor, y descansada tras una semana sin pensar en bodas, retomo el tema:

  • El atuendo: el de los novios, y el de los invitados.
    Esas novias que ansiosas desean escuchar esas palabras tan inteligentes y originales así como poco comerciales que salen de los labios de las vendedoras de Pronovias: “es tu día”. Y como es su día y quieren ser las más guapas, se plantan el atuendo más hortera de cuantos atuendos se puede poner una persona. Carentes de personalidad, cada día acuden miles de mujeres a casarse todas ellas vestiditas de blanco, la mayoría de largo, la mayoría lo más merengues, cursis y horteras que se puede estar. A las pruebas me remito, semejante atuendo sólo se puede usar un día en la vida. Semejante atuendo sólo se debe usar para un acto tan hortera como una boda.
    Pero no es sólo la novia la que tiene un problema de envoltorio: novio, padrino, madrina, testigos y toda la escolta que protocolariamente tiene un papel en esta película, debe acatar unas reglas de atrezzo francamente horteras, supongo que entendéis de lo que hablo si visualizáis en este instante la imagen de un conocido vuestro con un chaqué.
    El resto de los invitados deciden que si la novia, el novio, la madrina, el padrino y los testigos van horteras, ellos más. Y entonces comienza el desfile de hombres y mujeres que quieren demostrar que se han gastado mucho en el traje o que saben combinar colores incombinables o que definitivamente quieren destacar en la boda por encima de cualquier canon estético.
    Lo peor de la ropa de los invitados de una boda, es que se ve que es para una boda. Se nota que está comprada en una tienda especial para bodas, porque ese día hay que ir disfrazados. Porque ese día hay que gastarse un mínimo de 300€ en un traje. El resultado es un grupo de personas con colores chillones y telas brillantes que parecen sacados de un carnaval de pueblo.
    ¿Esto os parece cruel? Más cruel me parece a mi intentar ver la cara de agobio y nervios de los novios durante la ceremonia (pués es lo único francamente divertido) y que una especie de recogido a lo Marge Simpson me lo impida, porque la peluquería ese día, ¡tela!
    Pero volviendo a la ropa, o mejor, a los complementos, desearía que alguien me explicara el significado de la estola y/o foular. Ese trozo de tela que más bien parece un resto del vestido que sobraba, con el que las invitadas deciden taparse los hombros hasta que se han bebido una copa de cava. Y puestos a explicar, si tenéis respuestas, quiero una para la mantilla y la peineta, los minibolsos de las mujeres (más útiles para un Pinypon), la flor en el ojal para los hombres...

Para terminar con este tema que me está provocando pesadillas, meted todos estos ingredientes en una cocktelera, añadidle un gran coche lleno de lacitos y flores y un tío paseándose de mesa en mesa con una caja de puros. Sazonémoslo con más de un "oooooooooh" y varios estruendosos aplausos por doquier además de algún que otro grito para elogiar a la novia a lo procesión de Sevilla. Y decoremos la mezcla con un par de kilos de arroz, garbanzos para los más graciosos y pétalos de rosa para los más horteras.
Aquí tienen el resultado de la mezcla señores. Aquí tienen una boda. ¿Qué pasa por mi cabeza cuando contemplo o tengo la mala suerte de ser invitada a una boda? Citando a un amigo: ¡¡¡menudo zoo!!!

domingo, 6 de julio de 2008

Una ceremonia hortera para gente hortera (1ª parte)

Todo comienza con algo tan inocente como una invitación. Las recibías con 6 años para invitarte al cumple de un amigo, las recibes ahora para invitarte a una charla sobre enciclopedias en algún pueblo de Extremadura con regalo de una agenda electrónica incluído, pero una invitación nunca fue tan significativa como aquella que te anuncia la boda de alguien. Esa invitación es el primer acercamiento, la primera visión de lo que será esa tortuosa ceremonia que vendrá después. Porque nada más abrir ese sobre, es inevitable que se te escape un: “qué hortera”. Una invitación hortera sabes que significa una boda hortera. Por el contrario, si una invitación no es hortera, sabes que aún te queda una posibilidad de que la ceremonia sea medianamente salvable. Es como el predictor, si da negativo aún puedes tener una esperanza, si da positivo ten por seguro que estás jodido.

El hecho de casarse siempre me ha puesto los pelos de punta, dos personas que necesitan un papel, un cura, un juez, a toda la familia, amigos, compañeros de trabajo e incluso desconocidos, para confirmar, jurar y poner por escrito que la otra persona está unida a ti hasta que la muerte os separe, es como el argumento de alguna retorcida peli de terror psicológico.

Así que es dificil que una boda me atraiga, pero más aún que no me parezca hortera. Independientemente del tipo de ceremonia, es muy, muy dificil que una boda no sea hortera.

Tenemos que partir de un handicap con el que en mi opinión cuentan las ceremonias matrimoniales, y es que siguen un patrón, igual que una nochevieja, igual que un bautizo.
De hecho, es un acto tan protocolario y poco maleable que existen lugares que se encargan de organizar todo el temita de principio a fin. Vamos, desde llevar a la novia al altar hasta echar a los familiares borrachos del recinto.
Lo tienen todo calculado, y encima, han creado un patrón que han conseguido vender a una gran mayoría, ya que en el salón de al lado ves cómo se celebra otra boda clónica a la que tú estás sufriendo.

A propósito, llegados a este punto tengo que aclarar algo, por lo que puedan pensar determinadas personas. Una boda de por sí es hortera, pero el que intenta distinguirse de otras bodas celebrándola en un salón más caro, creyendo así que no está siguiendo el mismo patrón que los demás, es aún más hortera, y encima bobo porque se gasta más. Podemos continuar.

Cuando has ido a una boda, has ido a todas. Independientemente de si alguien se casa por lo civil, lo religioso o por el rito tibetano (últimamente en boga), lo que acontece tras el enlace es un sinfín de momentos que vividos una vez ya los has vivido siempre:

  • Alternar con personas que no conoces de nada, pero con las que, al igual que en Facebook, compartes la teoría de los 6 grados. Esto te lleva a conversaciones constantes de ascensor e intercambio de impresiones sobre la boda, casi siempre positivas porque ninguno de los invitados sabe hasta donde llega la relación de los otros con los novios.
  • Acabar medio borracho y con dolor de cabeza, no por la cantidad de alcohol que bebes, si no por la mezcla que consumes: empiezas en el cocktail con una cerveza que se te junta en la mesa con la primera copa de vino blanco acorde con el primer plato. Pero te das cuenta de que ya te han puesto el segundo plato y es carne, con lo cual, una segunda copa ha aparecido junto a la de blanco, es una de tinto. En mitad del solomillo, bebes indistintamente de ambas copas porque te estás liando (consecuencia del estado de embriaguez precoz). Es entonces cuando se le da uso a la siguiente copa, la llenan de cava, y claro, es el brindis, así que a beber. Intentas recuperarte con el café y te ponen el licorcito, seguido de la siempre ansiada copa, el cubata con el que ya te sientes como en casa, pero sabes que no será el último, así que antes de que empiece la fiesta, lo dicho, ya estás borracho.
  • La vergüenza ajena. Esta emana tras presenciar cositas tan poquito horteras como la parejita feliz partiendo una tarta con una espada, que alguien grite "vivan los novios", o peor "viva la madrina", que suene una musiquita cuando los novios entran a salón de la cena, que la gente sea trasladada del hotel al salón en un autobús cual excursión del colegio (del salón al hotel con el estado de embriaguez es todavía peor), y un laaaaargo etcétera.
  • El bailecito. ¿Por qué? Porque no hay boda sin baile al igual que no hay boda que no sea hortera. El baile es la mayor tortura de la boda. Un sinfín de canciones de verano precedidas por el siempre presente pasodoble y precedido a su vez por el espontáneo y poco hortera vals de los novios, convierten al baile en algo parecido a un campo de batalla, en el que debes esconderte para evitar ser bombardeado o presenciar cosas que, citando al filósofo de la vida John Rambo, harían vomitar a una cabra. Ejemplo práctico, quién no ha escuchado en una boda alguna de estas canciones: Paquito el chocolatero, Mayonesa, Aserejé, Cántame, El tiburón, Cuando tú vas yo vengo, ...
  • El atuendo de novios e invitados. Bueno venga, soy incapaz de continuar. Demasiados horrores para un solo post. Nadie es capaz de soportar tanto de golpe. Señores, les dejo respirar, continuaré la semana que viene.

sábado, 12 de abril de 2008

No puedes ignorar a tus vecinos

Cotillas, molestos, pesados, omnipresentes, son ellos, son los vecinos.
Los vecinos son esas personas que comparten techo, gastos, conversaciones, luz y agua obligatoriamiente contigo. Para compartir tantas cosas, normalmente escoges a la persona perfecta, tu pareja, un amigo, un familiar... ¿no me digáis que no es una decisión importante decidir con quién vas a compartir tu hábitat? Pues a los vecinos no puedes escogerlos. Vienen de serie con la casa, como el ABS en un coche, y puedes tener suerte o no, pero lo que está claro es que si no te gustan no puedes hacer nada, ni siquiera ignorarlos, porque están en tu casa y sólo os separa una puerta.

Es imposible ignorar al chico que decide que al fin y al cabo puede presentarse a Operación Triunfo, y se pone cada sábado por la mañana a cantar cual Bisbal en celo o a aporrear la guitarra con tanta furia que crees que va a romper las cuerdas.

No puedes ignorar al bebé que acaban de traer al mundo tus vecinos de al lado y no para de llorar en toda la noche. Tiene narices que yo no quiera tener un hijo, vamos, ni regaladito, y tenga que sufrir al de mis vecinos. Un día acabarán llamando a mi puerta a las 4 de la mañana cuando el niño les despierte con su llanto, para decirme: "oye, que esta noche te tocaba a ti".

No puedes ignorar a la pesada de turno que te amarga los viajes en ascensor. Esa señora está presente de dos maneras:

En la casa de tus padres, en la que siempre has vivido. Esa señora que cuando eras niño te decía: ay que ver cuánto has crecido o ¿y cuántos años tienes ya?, o ¿y cuándo acabas la carrera?. Esta última pregunta es la peor porque suelen hacértela cuando ya no vives en esa casa, sólo estás de visita, y ahí es cuando le respondes: ¡¡Señora, que estoy casado tengo un hijo y hace más de 7 años que trabajo!!


En tu actual casa. Cuando te la encuentras en el ascensor se manifiesta de dos formas: estado cotilla, y estado quejica.
  • El estado cotilla es el de: y vosotros viajais mucho, ¿no? porque no os veo casi nunca, o ¿hace mucho que os habéis mudado? o la directa, la pregunta dardo, "¿vosotros vivís en el 3ºB, no?. Pero ¿qué demonios le importa?, ¿le pregunto yo dónde vive usted?
  • El estado quejica es el de: madre mía, pues este ascensor se estropea cada dos por tres, o, qué guarra es la gente, vamos, mira como dejan la escalera. Pero mi favorita es cuando acabas de abrir el buzón y estás mirando tus cartas en el ascensor, y la señora siente el terrible deseo de mirarte el correo y te dice: sólo facturas del banco, eh? nunca noticias buenas. Joder, la señora en estado quejica es un auténtico ataque a la depresión, sólo te recuerda los problemas que tienes y si no los tienes te hace sentir que están presentes sólo que no los ves.

No puedes ignorar que los vecinos controlan tus movimientos. La vecina de una amiga mía salía en pijama a limpiar su puerta a las 5 de la mañana cuando nosotras llegábamos de marcha, sólo para ver a que hora llegábamos, en que estado y así echarnos la culpa en una reunión de vecinos si alguna cosa del portal se rompía. Porque buscar una cabeza de turco en una reunión de vecinos es algo también muy típico de ellos. Y ya que hablamos de reunión de vecinos, no puedes ignorar que tu ascensor seguirá estropeándose cada dos días porque ellos, tus queridos compañeros de vivienda son unos roñas que se quejan del ascensor pero cuando hay que poner un poco de dinero para cambiarlo se niegan en redondo, como si el ascensor se fuera a arreglar milagrosamente.

No puedes ignorar que cuando un vecino vive amargado siempre intentará transmitir un poco de amargura a tu vida. Recuerdo cuando era niña que en mi casa el único día que se hacía un poco de ruido fuera de hora era en nochevieja porque dábamos fiestas. Y no puedo evitar recordar que nuestra vecina de abajo, una loca en potencia amargada, golpeaba con su bastón el techo de su casa intentando que bajáramos la música. Lo hizo año tras año, y tras comprobar que nunca hacíamos caso, un año terminó llamando a la policía. Esa nochevieja no la olvidaré. Un policía llamó a nuestra puerta. Nuestras fiestas eran siempre de disfraces así que al abrir pensamos que era un amigo, pero al ver que su acompañante era la aterradora vecina de abajo, nos dimos cuenta de que era un policía real con la intención de decirnos que la fiesta había acabado. No obstante, el policía sólo miró a la vecina y le dijo: "señora, es nochevieja, es normal, todo el mundo hace fiestas, diviértase".

No puedes ignorar al vecino que estrena su Black and Decker un domingo en la hora de la siesta. No puedes ignorar a los vecinos que cambian de sitio sus muebles a las 6 de la mañana. No puedes ignorar a la parejita de turno que se tira los trastos a la cabeza.
Señores no pueden ignorar que sus vecinos están ahí, pendientes de todo lo que hacen. Y tengan esto muy presente, cuando escojan vivienda, no se preocupen tanto de la persona con la que va a vivir, preocúpense de los vecinos, porque un paso en falso y la señora del ascensor le pedirá explicaciones.

viernes, 18 de enero de 2008

Por mi puerta pasarás...

¿A nadie le ha dicho esto alguien antes? Un padre, una abuela, ... yo la he oído miles de veces desde que era pequeña, no sé, es algo habitual que me suelen decir.
No me quiero casar, no quiero tener hijos, no quiero estudiar esa carrera, no quiero trabajar en esto, etc. Sí, siempre he sido un poco rebelde, diría mi familia, contestataria para ser exactos, esa es la palabra con la que siempre me definía mi hermana. Diferentes opiniones, es lo que yo siempre he contestado, porque creo que esa es la realidad.

"Por mi puerta pasarás", como se usaba antaño, significaba que cuando eres un adolescente, acelerado, sin paciencia y que te quieres comer el mundo, a veces eres atrevido en tus opiniones o tu manera de actuar, y estás tan convencido de ello que no crees que nadie tenga razón más que tú. Entonces, alguien con la sabiduría y experiencia, sin duda superiores a la tuya aunque sólo sea por edad, te suelta esa frase que no viene significando otra cosa que: tranquilo, aún eres joven, ya verás como acabas pensando como yo, es cosa de edad, cambiarás.
Yo he cambiado en algunas cosas y opiniones desde que me decían eso (a dios doy gracias), pero en la mayoría, en las opiniones que realmente deciden tu caracter y lo que va a ser tu futuro, en esas no he cambiado. Hasta el punto en que mi familia ya no habla de mi como la contestataria. En las conversaciones familiares cuando oigo ahora hablar de mi, escucho frases como "no sé a quién ha salido", "tiene las ideas distintas a toda la familia".

Bien, después de esta pequeña autobiografía (justificada en este monólogo, no desesperéis) quiero decir que la expresión "por mi puerta pasarás", no está muerta, está vivita y coleando. Ahora se usa mucho, pero ahora ha cambiado su significado totalmente. Sobre todo porque ahora ya no te lo dice sólo un miembro de tu familia que se supone te aprecia o quiere y realmente sólo te está dando un consejo, ahora se usa de otra manera.

Veamos un par (para no aburrir al personal) de ejemplos significativos:

La parejita dentro de tu grupo de amigos que se casa. Yo soy realmente sincera con mis amigos, y cuando alguno me comunica esta desagradable noticia, mi frase suele ser: mi más sentido pésame a los dos. Detesto el matrimonio, qué se le va a hacer. Entonces, estas encantadoras parejas aplican el "por mi puerta pasarás", y te dicen cosas tipo "ya, yo también solía pensar así, pero ya verás como acabas haciéndolo". No, a ver, centrémonos, si tú no querías y lo has hecho el problema lo tienes tú, no intentes buscar consuelo haciendo desgraciados a otros. Yo soy consecuente.

El personaje (familiar o no, amigo o no, conocido o no) que te dice: ya verás cuando tengas hijos. Ya veré no. No voy a verlo. Entonces te aplican otro "por mi puerta pasarás", pero esta vez del tipo: sí, eso piensas ahora, pero acabarás queriendo tener un hijo. Señoooor!!! Pero es que nadie me escucha!!! Que no quiero tener hijos!!! Sé que el hecho de tenerlos a ti te acabará fastidiando parte de tus actividades de soltera y mujer sin responsabilidades filiales, pero ¡¡¡¿por qué te empeñas en que me fastidie a mí?!!!

La conclusión de estos dos ejemplos es que a mi me da igual que tú te cases o no, que tú tengas hijos o no, que decidas trabajar ahí o no, ser del PSOE o no. Qué yo no piense como tú no significa que no me parezca bien que hagas lo que tú quieras, ¡es tu vida!, y mi admiración la vas a tener en el momento en que le eches valentía para vivirla como tú quieres. Pero parece que si tú no piensas como ellos, entonces es que aún no has pasado por esa puerta.

Hoy en día, "por mi puerta pasarás" también significa: no te escucho, no sabes lo que dices, eso crees ahora. Por eso yo empezaba hablando de mí y diciendo que la gente que me conoce de verdad y me quiere (o deberían) antes me decía "por mi puerta pasarás" y ahora sabe que esa frase ya no es necesario decirla, he pasado por su puerta y sigo siendo la misma.

No sé si cambiaré de opinión respecto a algo de lo que pienso ahora, puede ser, no lo descarto. En cualquier caso, eso es algo que decido yo, no los demás. Pero señores, vivamos y dejemos vivir, y especialmente no empleemos el "por mi puerta pasarás", porque suele venir de gente frustrada, que no siempre ha tomado decisiones por sí misma en la vida, que le gustaría poder ser otra persona, y sobre todo no haber pasado en su momento por esa "temida" puerta. Gente que se queda satisfecha sólo cuando ve que los demás han llegado al lugar donde ellos se encuentran, para poder disfrutar de ese momento, y ver que los demás no deben ser más felices que ellos.
O lo que es lo mismo, para estas personas, "por mi puerta pasarás" significa: si yo me he jodido, tú también te joderás.