¿Cuántas veces os habéis sentido irritados por una de esas personas carentes de opinión? Sí, ya sabéis, una de esas que cuando estás enfrascado en un debate o conversación con un grupo de personas no interviene. Una de esas que en una reunión de trabajo, o decidiendo un restaurante para ir a cenar, o hablando simplemente de a qué hora quedar, le preguntan su opinión y siempre dice “no sé” o “me da igual”.
¿Verdad que pensáis? : no es posible que todo le de igual. Sí, son personas irritantes (especialmente para aquellos a los que nos sobran opiniones sobre cualquier cosa, a veces quizá demasiadas), pero si creéis que esto es irritante, os diré que hay algo aún más irritante, alguien que no sólo tiene una opinión, sino que es “la opinión”: un extremista.
Las opiniones más típicas de un extremista van relacionadas casi siempre con política, pero es un tema que me aburre y me interesa tan poquito que no pienso hablar de él, nunca, jamás. Vayámonos a temas más cotidianos que distinguen a los extremistas:
· El extremista de la limpieza: Aquel que cuando te invita a su casa te da el vaso de cerveza acompañado de un posavasos (aun cuando lo vas a apoyar sobre un mantel), que de repente saca un miniaspirador de mano (creados específicamente para ellos) para quitar una mota de polvo de la estantería que le está poniendo nerviso hace una hora, o aquel que no has acabado el plato y ya está recogiendo la mesa, poniendo el lavavajillas y hasta encerando el suelo. Un extremista de la limpieza te hace sentir incómodo en su casa.
· El extremista anti-tabaco: Aquel que siempre se pone hecho una furia cuando pides zona de fumadores en un restaurante y acabas escogiendo “no fumadores sólo por no aguantarle”. Aquel que es tan teatrero cuando le llega un poco del humo de tu cigarro a su cara que acabas apagando el cigarro o cambiándote de lugar sólo por no verle el careto. Aquel que, en definitiva, disfruta viendo tu expresión cuando entras en un recinto donde está prohibido fumar. Un extremista anti-tabaco te hace sentir que Mercedes Milá es tolerante con los fumadores.
· El extremista del cine español: Aquel que cuando le dices que las películas españolas son todas iguales te dice que es porque apenas tienen presupuesto, que ves más americanas que te gustan dice que es porque hacen más, que cuando le dices que no te gustan los actores españoles te empieza a enumerar una lista que a él sí le gusta y aunque a ti no te salta con un: “te puede no gustar pero tienes que reconocer que es bueno” (un pequeño detalle: si me pareciera bueno me gustaría). Aquel que, en definitiva, cuando le dices que no te gusta el cine español le cambia la cara, se remanga y prepara para un ataque verbal como si el Estado le pagara por defenderlo. Un extremista del cine español te hace sentir que debías haber cerrado la boca cuando diste tu opinión.
· El extremista del coche: Aquel que tiene que usar el coche hasta para ir a por pan. Aquel que te hace cambiar de zona de copas porque la que has escogido se pone hasta arriba y no tiene donde aparcar. Aquel que te tiene dando vueltas y vueltas a la manzana buscando un sitio porque aunque le dijiste “no te lleves coche” se lo tiene que llevar. Aquel que prefiere no tomarse ni una cerveza para llevarse el coche, o peor, se lo lleva y se las toma todas. Un extremista del coche te hace sentir feliz de no tener coche para no depender de él y poder usar transporte público, a pesar de ser lo peor del mundo.
Y podría hablar de mil extremistas más: extremistas ecologistas, extremistas melómanos, extremistas deportistas, extremistas religiosos, extremistas del todo vale, extremistas del no vale nada, extremistas antiextremistas…
Señores, los extremos no son buenos, nunca, jamás. Esta es la única opinión extremista que apoyo, y punto.
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viernes, 25 de julio de 2008
sábado, 21 de junio de 2008
Los trepas
Estás tranquilamente en tu trabajo, a lo tuyo, sin meterte con nadie, y de repente, notas como una presencia acaba con el oxígeno de la sala y unos ojos apuntan a tu nuca.
Sabes en ese preciso instante, que de todos los compañeros con los que trabajas, te ha escogido a ti: ha llegado el trepa!!!
Todo el mundo habla de ellos, incluso ellos mismos hablan de ellos porque a veces no son conscientes de que lo son. Cuando alguien habla de un trepa, las reacciones de los oyentes suelen ser una mezcla entre asco, pena y temor. Son reacciones que no muchos seres provocan.
Casi todos hemos sufrido alguna vez a un trepa, y si lo pensáis, es lógico pues es un comportamiento que abunda. Un trepa es una persona que de antemano está convencida de que no es capaz de alcanzar unas metas profesionales por sí mismo. ¿Qué hace? Lo mismo que los parásitos, es la ley de la supervivencia. La única pequeña diferencia, es que un parásito no tiene inteligencia, y, "supuestamente" un trepa sí. Esto convierte al trepa en un ser vago y perezoso que no hace uso de su inteligencia para sobrevivir, sino que se agarra a la de otro. Y es vago porque emplea su supuesta inteligencia en todo tipo de artimañas en vez de demostrar que él vale.
Yo he sufrido a algún trepa. Y es una experiencia francamente agotadora. El trepa te obliga a tener 20 ojos. El trepa te obliga a asegurarte de tener todas las pruebas de cada movimiento que ejecutas. Uno empieza hablando las cosas de viva voz con el trepa, y acaba guardando cada e-mail que envía o recibe del trepa. Alguien que sufre a un trepa no duerme tranquilo porque piensa: ¿qué me espera mañana?
Te sientes en una competición constante en la que tienes que resaltar todo lo que has demostrado hasta ahora, porque el trepa se limita a ensalzar una cosita que hace e incluso publicarlo en los periódicos. El trepa recicla las ideas que tú propusiste hace tiempo y las hace propias. El trepa te quita la energía y te hace sentir que debes guardar cada una de tus ideas en una caja fuerte haciéndote pensar en algún momento que quizá te estás volviendo un poco paranoico, pero es que tú sabes que el trepa no va a descansar hasta cumplir su objetivo.
Llega un momento en que no puedes confiar en nadie, porque el trepa tiene la habilidad de sonreir a toda la gente haciéndoles creer que es un ser amigable, bueno e inteligente. Así que cuando decides confiarle a alguien tu percepción de que ese de ahí, el simpático, es un trepa, esa persona cree que exageras.
Lo bueno es que al final, muchas veces más tarde, eso sí, de lo deseado, la gente acaba siendo consciente de la pericia del trepa y se le acaba viendo el plumero, pero a ti te deja marcado de por vida, porque la confianza en los compañeros, que al fin y al cabo sólo son eso, compañeros, es muy dificil de recuperar.
En mi caso, frente a lo que suele ser al revés, mi trepa estaba jerárquicamente por encima de mí, lo cual en cierto modo es halagador, pero te asegura que nunca subirás un peldaño más porque el trepa no te dejará.
Esto, señores míos me deja dos conclusiones ciértamente escalofriantes: los trepas son más inteligentes que las víctimas que reciben su ataque. La segunda y peor que la anterior, es que si resultas víctima de un trepa, es que nadie antes ha sabido valorar tanto tu trabajo como él. Da que pensar...
Sabes en ese preciso instante, que de todos los compañeros con los que trabajas, te ha escogido a ti: ha llegado el trepa!!!
Todo el mundo habla de ellos, incluso ellos mismos hablan de ellos porque a veces no son conscientes de que lo son. Cuando alguien habla de un trepa, las reacciones de los oyentes suelen ser una mezcla entre asco, pena y temor. Son reacciones que no muchos seres provocan.
Casi todos hemos sufrido alguna vez a un trepa, y si lo pensáis, es lógico pues es un comportamiento que abunda. Un trepa es una persona que de antemano está convencida de que no es capaz de alcanzar unas metas profesionales por sí mismo. ¿Qué hace? Lo mismo que los parásitos, es la ley de la supervivencia. La única pequeña diferencia, es que un parásito no tiene inteligencia, y, "supuestamente" un trepa sí. Esto convierte al trepa en un ser vago y perezoso que no hace uso de su inteligencia para sobrevivir, sino que se agarra a la de otro. Y es vago porque emplea su supuesta inteligencia en todo tipo de artimañas en vez de demostrar que él vale.
Yo he sufrido a algún trepa. Y es una experiencia francamente agotadora. El trepa te obliga a tener 20 ojos. El trepa te obliga a asegurarte de tener todas las pruebas de cada movimiento que ejecutas. Uno empieza hablando las cosas de viva voz con el trepa, y acaba guardando cada e-mail que envía o recibe del trepa. Alguien que sufre a un trepa no duerme tranquilo porque piensa: ¿qué me espera mañana?
Te sientes en una competición constante en la que tienes que resaltar todo lo que has demostrado hasta ahora, porque el trepa se limita a ensalzar una cosita que hace e incluso publicarlo en los periódicos. El trepa recicla las ideas que tú propusiste hace tiempo y las hace propias. El trepa te quita la energía y te hace sentir que debes guardar cada una de tus ideas en una caja fuerte haciéndote pensar en algún momento que quizá te estás volviendo un poco paranoico, pero es que tú sabes que el trepa no va a descansar hasta cumplir su objetivo.
Llega un momento en que no puedes confiar en nadie, porque el trepa tiene la habilidad de sonreir a toda la gente haciéndoles creer que es un ser amigable, bueno e inteligente. Así que cuando decides confiarle a alguien tu percepción de que ese de ahí, el simpático, es un trepa, esa persona cree que exageras.
Lo bueno es que al final, muchas veces más tarde, eso sí, de lo deseado, la gente acaba siendo consciente de la pericia del trepa y se le acaba viendo el plumero, pero a ti te deja marcado de por vida, porque la confianza en los compañeros, que al fin y al cabo sólo son eso, compañeros, es muy dificil de recuperar.
En mi caso, frente a lo que suele ser al revés, mi trepa estaba jerárquicamente por encima de mí, lo cual en cierto modo es halagador, pero te asegura que nunca subirás un peldaño más porque el trepa no te dejará.
Esto, señores míos me deja dos conclusiones ciértamente escalofriantes: los trepas son más inteligentes que las víctimas que reciben su ataque. La segunda y peor que la anterior, es que si resultas víctima de un trepa, es que nadie antes ha sabido valorar tanto tu trabajo como él. Da que pensar...
sábado, 1 de marzo de 2008
Brillante, irónico
El ser que detesta por naturaleza a la humanidad, y eso le hace detestable ante los ojos de los humanos.
Jajajaja, este es tremendo, para los que no hablen euskera aquí va parte de la traducción:
SECRETARIA: son sólo un par de preguntas... ¿como define tan bien a la mujer?
MELVIN: pienso en un hombre... y le elimino la sensatez y la responsabilidad
Jajajaja, este es tremendo, para los que no hablen euskera aquí va parte de la traducción:
SECRETARIA: son sólo un par de preguntas... ¿como define tan bien a la mujer?
MELVIN: pienso en un hombre... y le elimino la sensatez y la responsabilidad
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