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domingo, 1 de junio de 2008

Originalidad: cero. Crispación del target: diez

Hace poco reparé en que los spots están de capa caída. La publicidad en televisión se está volviendo lineal, y creo que cuando los publicitarios estudiaron al padre de la publicidad, se tomaron al pie de la letra su teoría de que si una fórmula funciona, hay que seguir usándola hasta que deje de funcionar.
Lo que no deben recordar de las enseñanzas de Ogilvy es esa otra frase: "si no vende, no es creativo".

En serio, pensad durante un segundo en al menos 5 anuncios de este año que os hayan parecido buenos. Ahora intentadlo con anuncios del año pasado, del anterior, del otro...

Se ha caído en una monotonía en la que las marcas usan fórmulas tan parecidas que hemos llegado a un punto en el que se confunden unas con otras. ¡Qué gran error!

Pero mi blog no va de publicad, y yo en parte ya no me dedico a esto. Así que no voy a hablar directamente de creatividad publicitaria, voy a hablar de algo que se ha visto salpicado en parte por esa ausencia de creatividad. Voy a hablar de los estúpidos personajes publicitarios que han de vendernos sus productos.

Se ha ido formando poco a poco toda una tipología de personajes en los anuncios de tv.
Unos que detesto personalmente son a los que bauticé como "generación dippas". Sí, todo empezó con un anuncio de Doritos que sacaba el rollo de "dippear" con sus nuevos aperitivos. El anuncio estaba protagonizado por unos amigos que se reunían en casa de uno, y hacían el ganso en plan "qué guays somos, dippeamos". Desde entonces, Gallina Blanca, Knorr, President y varias marcas más, no han dejado de sacar como protagonistas a estos grupos de personas que se supone representan a la actual generación de jóvenes que empiezan a independizarse: que dios nos pille confesados.

Las navidades nos traen a otro grupo de personajes, los que protagonizan anuncios de colonias y perfumes. Son personajes que sólo hablan inglés o francés. Y es que si tú vendes un perfume, pobre de ti como lo hagas en español. Ya puede estar fabricado en Albacete, que si quieres que tenga glamour debes decir algo así como: "o de gochas", "diqueyenguay", "pugr hom". Y por supuesto, acompañar el nombre de la marca o creador de una ubicación: "Carolina Herrera, New York", "Chanel, Paguí".
Y representando a estas marcas, pronunciando alguna que otra palabra con la profundidad de un charco, y por supuesto en una de esas dos lenguas, se encuentran esos guapísimos modelos de cara enfadada que más bien parece que al echarse el perfume se cabrean con la humanidad y realizan actos extraños. No sé por qué viendo estos anuncios se prohíben los de drogas.

Por último, y para no desatar vuestra ira como se desata la mía cada vez que recuerdo los anuncios, destaquemos a las jóvenes mujeres con la menstruación que parecen haberse vuelto locas: Se discriminan las unas a las otras por no usar tampones, se pasan horas debatiendo si ese día usarán bragas o tanga (porque tienen un salva-slip que les sirve para ambas cosas y claro, la situación es chunga) o la noticia de última hora, se revuelcan por el campo eufóricas por ser mujer formando una compresa enorme.

En fin, crear personajes estúpidos parece la última moda en la publicidad. Desgraciadamente es un recurso que se contagia. Formemos personajes estúpidos que podamos usar en otros estúpidos anuncios.
Originalidad: cero. Crispación del target: diez. Por favor, que nadie me diga que venden porque eso significaría que hay gente en este mundo que se identifica con esos personajes.

Lo primero sobre publicidad que me enseñaron en la carrera fue la famosa frase "renovarse o morir". Allá va mi pregunta: señores publicitarios, ¿fui la única que asistió a clase ese día?

domingo, 11 de mayo de 2008

Reality shows: ¡¡gracias por existir!!

Están por todas partes y es imposible ser ajeno a su existencia. El concepto es sencillo, y la mecánica es la más antigua: un experimento de laboratorio. Metemos a varios sujetos en un entorno y vemos cómo se comportan. En televisión es novedad, en publicidad (entre otros campos) se lleva usando desde hace tiempo: metemos a un grupo de personas en una sala para que hablen de mi marca, les llevamos a un supermecado para ver qué producto escogen primero, se incluye un estímulo subliminal durante la proyección de una película para comprobar su reacción, etc.

Hoy en día, cuando encierras a 20 personas en una casa y les vas poniendo retos y limitaciones, cuando escoges a 15 personas en una academia para ver quién canta mejor o cuando les llevas a una isla desierta con tan sólo un machete y una caja de preservativos se llama Reality Show.

Desde el principio, creo que habrán sido muy pocas la personas que no hayan echado un vistazo a su televisor como James Stewart lo echaba a través de su ventana, para satisfacer el morbo y la curiosidad, para ver cómo se pegan, para ver hasta dónde son capaces de llegar.
Ese morbo ha ido increscendo hasta tal punto que las cadenas de televisión, en su esfuerzo por atraer temporada tras temporada la atención de la audiencia, ha elevado el nivel de chabacanería, vulgaridad, y patetismo hasta convertir esos programas en un auténtico espectáculo bochornoso.
Es aquí donde os preguntaréis, ¿a cuento de qué viene el título del post entonces?. Os responderé amigos míos. Para llegar a convertir estos programas en los que una cadena invierte un dineral, y que en su momento eran de dudosa calidad, en unos programas de extra-devaluada calidad ¿qué hace falta?. La respuesta es clara: unos concursantes de extra-devaluada calidad, o para decirlo claramente, lo que necesita un programa de estas características es un equipo de casting muy muy experto que sea capaz de encontrar entre todos los seres humanos a los más deplorables.

Estos concursantes tienen una serie de rasgos en común: mala educación, soberbia, ignorancia, incultura, falta de madurez y un largo etcétera de características que desembocan en un gran don: ser capaces de convertir cualquier programa en el circo de los horrores sin necesidad de guión alguno.

Y aquí es donde llegan mis agradecimientos. Un reality show es la mayor bolsa de empleo para aquellas personas que no deben trabajar en nuestra sociedad. A un elefante o un canguro no se les permite ser carpinteros, administrativos o profesores, porque por una serie de caraterísticas más que notables no dan la talla. A los concursantes de los reality shows les ocurre exactamente lo mismo.

Señores, demos gracias a los reality shows por existir, porque de no haberse presentado al casting de alguno estos programas uno de esos zopencos que quiere ser cantante, modelo o presentador, podría ser mañana la persona que educara a sus hijos, la que levantara los cimientos de su casa o la que puediera hacerle a usted una operación a corazón abierto.

domingo, 27 de abril de 2008

Matices que nos hacen más detestables (2ª parte)

  • Que no corra el aire. Cuando estás hablando con una persona y ves como acabas la conversación a 3 km del punto en que la empezaste. Eso es consecuencia de pequeños pasos que das hacia atrás, lentamente, para intentar apartarte de la persona que te habla, pues se acerca tanto para decirte las cosas que te quita el oxígeno vital. Por favor, los coches necesitan una distancia mínima de seguridad, ¡los seres humanos también!
  • En medio como el jueves. Vas por la calle y de repente, en cuestión de segundos sientes que te ha tocado uno de ellos. Una de esas personas que se te cruza, hace "eses" en mitad del camino de modo que nunca te permite ir por donde tú quieres. También te los encuentras en los pasillos del supermercado y nunca son conscientes de que te impiden el paso. Están en su mundo y se les olvida que lo comparten con 6.500 millones de habitantes más.
  • La falta de higiene. Ni que decir tiene que esto no debería ni mencionarse aquí, pero es que sufrimos una invasión de gente que no hace uso del agua y el jabón. Hay gente que huele mal, pero no de forma casual. Todos los humanos pueden tener un mal día, no, es que es algo que casi forma parte de su personalidad, es como un rasgo más: yo soy simpáctico, tolerante, huelo mal y soy muy creativo.
  • El descontrol sobre los complementos. Cuando una persona lleva una maleta, una mochila, un paraguas, una bolsa de la compra o hasta un libro, en raras ocasiones lleva un control absoluto sobre el objeto. Te dan con la bolsa en las rodillas, te hincan el libro en las costillas, te ponen la zancadilla con la maleta... Y por si dicho ataque con arma blanca no fuera suficiente, ni siquiera levantan la cabeza para pedirte disculpas, ¡apártate tú de su camino!.
  • El empanamiento televisivo. Sólo resulta útil la televisión para que los niños dejen de fastidiar. Pero lo más frustrante que hay es hablar a alguien y que ese alguien quede abducido por el televisor. Ya sea por un anuncio de Dodotis o por la final de la Champions. Sus ojos son como dos espirales que giran en dirección a la tele. Sólo resultarás visible si te interpones entre los dos.
  • La obsesión multimedia. Con una cámara de fotos o con una de vídeo, hay gente que se empeña en tener recuerdos multimedia de todo y de todos. Pero lo peor es que basta que digas que no te gustan las fotos para que alguien se empeñe en perseguirte por todos lados para inmortalizarte. ¿Cuál será la satisfacción? Y aún más absurdo, si hay gente a quien le gustan las fotos, ¿por qué no les persigues a ellos? En cuestión de fotos y vídeos no hay un vive y deja vivir, sólo un fastidia y déjate fastidiar.

domingo, 9 de marzo de 2008

Los nucas

Hay gente que por motivos inexplicables puede provocarte distintas sensaciones aunque no los conozcas personalmente.
Estoy hablando de actores, cantantes, escritores, presentadores de televisión y demás personajes públicos.
Obviamente, no sabemos cómo son en la vida real. Pueden ser personas muy inteligentes, realmente simpáticas, agradables, buenas, pero nuestro único contacto con ellos es la televisión, el cine, periódicos y otros medios en que se muestran.
Esas personas te pueden provocar odio sólo por verles su cara. ¿Por qué? no sé, inexplicable. Pero sed francos, ¿cuántas veces no habéis cambiado de canal y al ver por ejemplo a un presentador habéis dicho: "esta es subnormal", o "no puedo con este tío".
Puede haber mil motivos que se mezclan: su cara, su tono de voz, su sonrisa, las tonterías que dice, o que se suela hacer el gracioso y no tenga gracia. Pero el caso es que aunque no hayas hablado con esa persona en tu vida, te provoca un odio visceral.
Os pongo unos ejemplos: Carmen Alcaide, Javier Bardem o Leonor Watling. Son personajes que, no me preguntéis por qué, pero es sólo verles la cara y me asalta mi instinto más asesino.

Por el contrario hay gente que, por la razón que sea, sólo escucharle o verle te hace gracia o te cae bien, y a lo mejor en su vida real es un ser absolutamente detestable, pero a ti te parece majo. De este caso os pondría algún ejemplo pero, sinceramente, no se me ocurre ninguno ahora mismo, tengo entendido que haberlos haylos, pero es como Bin Laden, todo el mundo dice que existe, pero nadie lo ha visto.

Y luego tenemos el último caso, la sensación intermedia, mis favoritos: "los nucas".
Los nucas son esos personajes que te caen mal, que te parecen tontos, pero que no superan esa barrera. Es decir, es ese tipo que cuando le ves piensas: "es que es tonto". No te provoca odio, no llega a tanto, y nunca podría caerte bien porque es un "nucas". Pero es un tipo de personas que si te los encontraras por la calle, te encantaría darles una colleja, de ahí lo de "nucas".
Hay "nucas" por todas partes, si miráis a vuestro alrededor, encontraréis un montón de seres que te llenan de esa sensación. Pero centrándonos en personajes de televisión, yo reconozco que hay varios "nucas" latentes. En mi caso, algunos de mis "nucas" favoritos son Manel Fuentes, David Bustamante, Rocío Madrid o Miguel Angel Muñoz (Mam para los amigos, os juro que he tenido que buscar su nombre en San Google que todo lo sabe).

Un "nucas" en televisión te hace ver las grandes injusticias del mundo. Piensas: "cómo este ser ha llegado a presentar un programa de televisión, pero si es que es tonto". Un "nucas" es un tipo que debió tener una infancia llena de collejas por ser el tonto de la clase. Un "nucas" es la persona que estando en un bar, con tu grupo de amigos, hablando todos, contando anécdotas y riéndonos, cuando cuenta su gracia o anécdota se hace un silencio que deseas sea interrumpido porque piensas: este es tonto.
¿A que empezais a visualizar varios nucas en vuestra cabeza?

Pues bien, este post era puramente informativo, de ahí su brevedad. Entendido el concepto, señores, hagan borrón y cuenta nueva, empiecen a llamar a las cosas por su nombre, cuando alguien les caiga mal pero no les provoque odio, cuando alguien les haga pensar "qué tío más tonto", y sientan que una colleja les satisfaría, sabrán que han conocido a un "nucas".