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sábado, 6 de septiembre de 2008

Vacaciones en la playa

Pues nada, como dijo la cansina esa que se hace llamar cantante: no quedan días de verano.
Espero que todos hayáis disfrutado, y también espero que hayáis tenido la suerte de no veranear en España.
Exacto, lo habéis pillado, la cosa va de vacaciones, españoles y la incompatibilidad que existe entre ambos.
Hace mucho que decidí obviar los viajes por España durante la temporada estival, y especialmente eliminar los lugares de playa de mi lista. La obsesión de los Españoles por ir en verano a la playa se ha convertido en algo tan poco atrayente como las rebajas.
Analicémoslo: masas y masas de personas pegándose por hacerse, en lugar de con una camisa barata, con un hueco mínimo de arena caliente. En ese hueco comenzarán a desplegarse los equipos: sombrilla, esterillas, toallas, mininevera, algunos radiocassette (manda huevos), la abuela, los niños cansinos y molestos, el kit de bronceado... Un momento, el kit de bronceado bien merece una descripción:

  • Crema con zanahoria factor 2: para la mamá, para cuando vuelva a la capital a fardar delante de sus amigas porque se ha quedado como la mujer de Gil, obviando el más que probable cáncer de piel.
  • Crema factor 3 millones para los niños pequeños. Absolutamente absurdo el número de factor porque la madre se pasará la mayor parte del tiempo persiguiendo al niño por la playa para ponérsela. Durante ese tiempo el niño ya habrá acumulado otra buena ración de cáncer de piel.
  • Aceite protección 30 con esencia de coco y nueces de macadamia, marca "da igual mientras sea cara", en formato spray anti-goteo: para la hija adolescente que sabe que hay más posibilidad de problemas con un factor bajo, no porque su madre se lo diga (ya conocemos el historial de la madre), si no porque su sensei es Ragazza, donde le aconsejan un factor más alto no por el cáncer de piel, sino para evitar arrugas, y eso la convence un poquito más (al fin y al cabo ya tiene 16 años), pero no le convence lo suficiente para echarse factor 50 que sería lo recomendado, se queda con factor 30 porque así también se pone morenita.
  • Crema sin crema, factor sin factor: para el padre y el abuelo, que son hombres y como consecuencia, sorprendentemente inmunes al sol.
  • After-sun: para toda la familia. Ese lo usarán en casa, cuando lleguen, se duchen, y descubran unas ampollas del tamaño de un zeppelin, pero aún así también se lo llevan a la playa, x-files...
Bien, nos hemos hecho con el hueco de arena, y ya hemos desplegado las tropas. Estamos preparados para recibir el ataque del agujero de la capa de ozono. Ahora sólo queda evitar a los 300 ludópatas que se alinean en la orilla probando toda clase de primitivos entretenimientos: un plato de plástico que se pasan entre 3, y siempre acaba golpeando a un pobre anciano de los que se bañan cerca de la orilla, o mi favotiro, un par de palas de madera y una pelota. Consiste en pasarse la pelota empezando a una distancia de 4 metros, dar sólo un toque (porque no aciertan más de uno seguido), tardar 5 minutos en buscar la pelota y acabar jugando a sólo medio metro de distancia, sin explicación, porque es así.
Esquivados los juegos ya podemos meternos en ese supuesto paraíso que es el agua salada mezclada con restos de las mil cremas anteriormente mencionadas, orina de niños y de los que no son tan niños y sudor. Disfrutemos intentando nadar a la vez que nos chocamos con los mil veraneantes sedientos de playa, colchonetas y los patines que alquila la gente, porque es muy divertido pedalear en el agua mientras un tío con gorra azul te cronometra esperando que excedas el tiempo que has pagado.
Después de una jornada en la que te pica todo, estás de arena arena hasta arriba, te escuece la piel del sol, y ya no quieres ni darle un trago a tu cerveza porque el agujero de la lata también tiene arena, decides que, aunque vayas hecho un cristo, al menos tus pies deben relucir, así que, ele!, a hacer cola para lavártelos. Cuando por fin te hagas con una ducha, ten por seguro que un molesto niño se te meterá dentro a jugar con el agua.
Si no te gusta la playa, siempre tendrás la piscina del hotel o apartamento en el que hayas decidido invertir tu nómina de agosto. Siempre y cuando seas capaz de soportar a quinceañeros tirándose tipo bomba a tu lado para seducir a las quinceañeras que se encuentran en el agua, deseosas de recibir una gran ahogadilla por parte de sus Johnny Weissmüllers particulares, y pegar aunténticos chillidos mientras las reciben para fingir que no les gusta.
Bien, no nos gusta la playa, ni la piscina, la ciudad nos espera, con sus miles de restaurantes llenos de paellas, anisakis y salmonella, con sus discotecas y bares llenos de canciones del verano y gogo´s para atraer a los veraneantes en celo, con sus miles de familias que aprovechan las vacaciones para discutir mientras sus hijos molestan a los que sólo quieren pasar unas malditas vacaciones tranquilas, lejos de la sociedad playera, de los guiris con calcetines y sandalias y sus cadenas de oro asomando entre los pelos de su pecho rojo como un cangrejo, de los precios abusivos que lamentarás haber pagado en septiembre y en ese momento, señores, justo en ese momento es cuando tomarán la decisión que les cambiará su vida: ¡NO VUELVO A VERANEAR EN LA PLAYA NUNCA MÁS! Y será en ese momento en el que decidirán que España no está preparada para el tipo de vacaciones que a usted le gustan, y que el año que viene prueba otro país. En ese momento, usted no sabrá que acaba de comenzar su peor pesadilla: encontrarse a un español en otro país. Pero esa es otra historia de terror distinta...

sábado, 12 de abril de 2008

No puedes ignorar a tus vecinos

Cotillas, molestos, pesados, omnipresentes, son ellos, son los vecinos.
Los vecinos son esas personas que comparten techo, gastos, conversaciones, luz y agua obligatoriamiente contigo. Para compartir tantas cosas, normalmente escoges a la persona perfecta, tu pareja, un amigo, un familiar... ¿no me digáis que no es una decisión importante decidir con quién vas a compartir tu hábitat? Pues a los vecinos no puedes escogerlos. Vienen de serie con la casa, como el ABS en un coche, y puedes tener suerte o no, pero lo que está claro es que si no te gustan no puedes hacer nada, ni siquiera ignorarlos, porque están en tu casa y sólo os separa una puerta.

Es imposible ignorar al chico que decide que al fin y al cabo puede presentarse a Operación Triunfo, y se pone cada sábado por la mañana a cantar cual Bisbal en celo o a aporrear la guitarra con tanta furia que crees que va a romper las cuerdas.

No puedes ignorar al bebé que acaban de traer al mundo tus vecinos de al lado y no para de llorar en toda la noche. Tiene narices que yo no quiera tener un hijo, vamos, ni regaladito, y tenga que sufrir al de mis vecinos. Un día acabarán llamando a mi puerta a las 4 de la mañana cuando el niño les despierte con su llanto, para decirme: "oye, que esta noche te tocaba a ti".

No puedes ignorar a la pesada de turno que te amarga los viajes en ascensor. Esa señora está presente de dos maneras:

En la casa de tus padres, en la que siempre has vivido. Esa señora que cuando eras niño te decía: ay que ver cuánto has crecido o ¿y cuántos años tienes ya?, o ¿y cuándo acabas la carrera?. Esta última pregunta es la peor porque suelen hacértela cuando ya no vives en esa casa, sólo estás de visita, y ahí es cuando le respondes: ¡¡Señora, que estoy casado tengo un hijo y hace más de 7 años que trabajo!!


En tu actual casa. Cuando te la encuentras en el ascensor se manifiesta de dos formas: estado cotilla, y estado quejica.
  • El estado cotilla es el de: y vosotros viajais mucho, ¿no? porque no os veo casi nunca, o ¿hace mucho que os habéis mudado? o la directa, la pregunta dardo, "¿vosotros vivís en el 3ºB, no?. Pero ¿qué demonios le importa?, ¿le pregunto yo dónde vive usted?
  • El estado quejica es el de: madre mía, pues este ascensor se estropea cada dos por tres, o, qué guarra es la gente, vamos, mira como dejan la escalera. Pero mi favorita es cuando acabas de abrir el buzón y estás mirando tus cartas en el ascensor, y la señora siente el terrible deseo de mirarte el correo y te dice: sólo facturas del banco, eh? nunca noticias buenas. Joder, la señora en estado quejica es un auténtico ataque a la depresión, sólo te recuerda los problemas que tienes y si no los tienes te hace sentir que están presentes sólo que no los ves.

No puedes ignorar que los vecinos controlan tus movimientos. La vecina de una amiga mía salía en pijama a limpiar su puerta a las 5 de la mañana cuando nosotras llegábamos de marcha, sólo para ver a que hora llegábamos, en que estado y así echarnos la culpa en una reunión de vecinos si alguna cosa del portal se rompía. Porque buscar una cabeza de turco en una reunión de vecinos es algo también muy típico de ellos. Y ya que hablamos de reunión de vecinos, no puedes ignorar que tu ascensor seguirá estropeándose cada dos días porque ellos, tus queridos compañeros de vivienda son unos roñas que se quejan del ascensor pero cuando hay que poner un poco de dinero para cambiarlo se niegan en redondo, como si el ascensor se fuera a arreglar milagrosamente.

No puedes ignorar que cuando un vecino vive amargado siempre intentará transmitir un poco de amargura a tu vida. Recuerdo cuando era niña que en mi casa el único día que se hacía un poco de ruido fuera de hora era en nochevieja porque dábamos fiestas. Y no puedo evitar recordar que nuestra vecina de abajo, una loca en potencia amargada, golpeaba con su bastón el techo de su casa intentando que bajáramos la música. Lo hizo año tras año, y tras comprobar que nunca hacíamos caso, un año terminó llamando a la policía. Esa nochevieja no la olvidaré. Un policía llamó a nuestra puerta. Nuestras fiestas eran siempre de disfraces así que al abrir pensamos que era un amigo, pero al ver que su acompañante era la aterradora vecina de abajo, nos dimos cuenta de que era un policía real con la intención de decirnos que la fiesta había acabado. No obstante, el policía sólo miró a la vecina y le dijo: "señora, es nochevieja, es normal, todo el mundo hace fiestas, diviértase".

No puedes ignorar al vecino que estrena su Black and Decker un domingo en la hora de la siesta. No puedes ignorar a los vecinos que cambian de sitio sus muebles a las 6 de la mañana. No puedes ignorar a la parejita de turno que se tira los trastos a la cabeza.
Señores no pueden ignorar que sus vecinos están ahí, pendientes de todo lo que hacen. Y tengan esto muy presente, cuando escojan vivienda, no se preocupen tanto de la persona con la que va a vivir, preocúpense de los vecinos, porque un paso en falso y la señora del ascensor le pedirá explicaciones.

viernes, 18 de enero de 2008

Por mi puerta pasarás...

¿A nadie le ha dicho esto alguien antes? Un padre, una abuela, ... yo la he oído miles de veces desde que era pequeña, no sé, es algo habitual que me suelen decir.
No me quiero casar, no quiero tener hijos, no quiero estudiar esa carrera, no quiero trabajar en esto, etc. Sí, siempre he sido un poco rebelde, diría mi familia, contestataria para ser exactos, esa es la palabra con la que siempre me definía mi hermana. Diferentes opiniones, es lo que yo siempre he contestado, porque creo que esa es la realidad.

"Por mi puerta pasarás", como se usaba antaño, significaba que cuando eres un adolescente, acelerado, sin paciencia y que te quieres comer el mundo, a veces eres atrevido en tus opiniones o tu manera de actuar, y estás tan convencido de ello que no crees que nadie tenga razón más que tú. Entonces, alguien con la sabiduría y experiencia, sin duda superiores a la tuya aunque sólo sea por edad, te suelta esa frase que no viene significando otra cosa que: tranquilo, aún eres joven, ya verás como acabas pensando como yo, es cosa de edad, cambiarás.
Yo he cambiado en algunas cosas y opiniones desde que me decían eso (a dios doy gracias), pero en la mayoría, en las opiniones que realmente deciden tu caracter y lo que va a ser tu futuro, en esas no he cambiado. Hasta el punto en que mi familia ya no habla de mi como la contestataria. En las conversaciones familiares cuando oigo ahora hablar de mi, escucho frases como "no sé a quién ha salido", "tiene las ideas distintas a toda la familia".

Bien, después de esta pequeña autobiografía (justificada en este monólogo, no desesperéis) quiero decir que la expresión "por mi puerta pasarás", no está muerta, está vivita y coleando. Ahora se usa mucho, pero ahora ha cambiado su significado totalmente. Sobre todo porque ahora ya no te lo dice sólo un miembro de tu familia que se supone te aprecia o quiere y realmente sólo te está dando un consejo, ahora se usa de otra manera.

Veamos un par (para no aburrir al personal) de ejemplos significativos:

La parejita dentro de tu grupo de amigos que se casa. Yo soy realmente sincera con mis amigos, y cuando alguno me comunica esta desagradable noticia, mi frase suele ser: mi más sentido pésame a los dos. Detesto el matrimonio, qué se le va a hacer. Entonces, estas encantadoras parejas aplican el "por mi puerta pasarás", y te dicen cosas tipo "ya, yo también solía pensar así, pero ya verás como acabas haciéndolo". No, a ver, centrémonos, si tú no querías y lo has hecho el problema lo tienes tú, no intentes buscar consuelo haciendo desgraciados a otros. Yo soy consecuente.

El personaje (familiar o no, amigo o no, conocido o no) que te dice: ya verás cuando tengas hijos. Ya veré no. No voy a verlo. Entonces te aplican otro "por mi puerta pasarás", pero esta vez del tipo: sí, eso piensas ahora, pero acabarás queriendo tener un hijo. Señoooor!!! Pero es que nadie me escucha!!! Que no quiero tener hijos!!! Sé que el hecho de tenerlos a ti te acabará fastidiando parte de tus actividades de soltera y mujer sin responsabilidades filiales, pero ¡¡¡¿por qué te empeñas en que me fastidie a mí?!!!

La conclusión de estos dos ejemplos es que a mi me da igual que tú te cases o no, que tú tengas hijos o no, que decidas trabajar ahí o no, ser del PSOE o no. Qué yo no piense como tú no significa que no me parezca bien que hagas lo que tú quieras, ¡es tu vida!, y mi admiración la vas a tener en el momento en que le eches valentía para vivirla como tú quieres. Pero parece que si tú no piensas como ellos, entonces es que aún no has pasado por esa puerta.

Hoy en día, "por mi puerta pasarás" también significa: no te escucho, no sabes lo que dices, eso crees ahora. Por eso yo empezaba hablando de mí y diciendo que la gente que me conoce de verdad y me quiere (o deberían) antes me decía "por mi puerta pasarás" y ahora sabe que esa frase ya no es necesario decirla, he pasado por su puerta y sigo siendo la misma.

No sé si cambiaré de opinión respecto a algo de lo que pienso ahora, puede ser, no lo descarto. En cualquier caso, eso es algo que decido yo, no los demás. Pero señores, vivamos y dejemos vivir, y especialmente no empleemos el "por mi puerta pasarás", porque suele venir de gente frustrada, que no siempre ha tomado decisiones por sí misma en la vida, que le gustaría poder ser otra persona, y sobre todo no haber pasado en su momento por esa "temida" puerta. Gente que se queda satisfecha sólo cuando ve que los demás han llegado al lugar donde ellos se encuentran, para poder disfrutar de ese momento, y ver que los demás no deben ser más felices que ellos.
O lo que es lo mismo, para estas personas, "por mi puerta pasarás" significa: si yo me he jodido, tú también te joderás.